Fui introducido a la gobernabilidad democrática a través del Informe Global sobre Desarrollo Humano de 1993 publicado por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD). Este fue un momento en el que muchos países experimentaban una transición de regímenes totalitarios y / o autoritarios a más democráticos.  A partir de 1990-1996 el número de “democracias electorales” aumento de 76 a 118, y esa tendencia continuó en las décadas que siguieron. Sin embargo, en la medida que estas estas transiciones ocurrían, expertos como Larry Diamond y otros, y el mismo Informe del PNUD del 1993, advertían cautelosamente que las elecciones, las nuevas constituciones y el derrocamiento de los regímenes no democráticos no eran más que sólo una dimensión de la gobernabilidad democrática.

El Informe del PNUD fue más allá e hizo un vínculo entre la gobernabilidad democrática y el desarrollo humano resaltando no solo como el poder político y las instituciones podían moldear el progreso humano, sino también poniendo de relieve la participación de las personas como clave para el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas democráticas.  Muchos países en desarrollo estaban en una modalidad de transición, y compartían un propósito común de expandir el desarrollo humano y de construir sociedades más inclusivas.  De igual forma, la vinculación de ciudadanos con sus gobiernos como co-creadores de una nueva, y supuestamente mejor orden socio-política tenía mucho sentido. No obstante, el Informe del PNUD claramente estableció supuestos clave para administrar expectativas de la gobernabilidad democrática, el desarrollo humano y la participación.  Por ejemplo, resalto que si bien la participación era un tema central de la política y la democracia, la acción colectiva y el accionar cívico no eran factores automáticos. El informe argumentó que “… la gente tiene que tener un impulso urgente a impacientarse para participar en los eventos y procesos que afectan sus vidas. Y que la impaciencia trae muchos peligros y oportunidades. Puede disolverse en la anarquía, la violencia étnica o la desintegración social.” El informe también reconoce que cuando la participación se nutre adecuadamente, también puede convertirse en una fuente de enorme vitalidad y la innovación para dar forma al curso de la gobernabilidad democrática.

Claramente, la gobernabilidad democrática necesitaba construir y/fortalecer mecanismos que puedan administrar, intermediar y organizar el cambio en sociedades.  Si bien la ola de transiciones continuó hasta la primera década y media del siglo 21, la era de la gobernabilidad democrática ha traído una serie de dilemas. Mientras que la sociedad civil y su participación jugaron un papel crucial en presionar hacia la gobernabilidad democrática, el impulso declinó en la medida en que los vestigios de los antiguos regímenes no democráticos desaparecieron y en la medida en que las comunidades políticas se iban formando y re-formando. Los partidos políticos y otros grupos de interés se establecieron y tomaron el centro del escenario, y la participación más espontánea de las personas se retractó. Gradualmente pero creciente, un descontento general se sostuvo, no tanto en contra de los símbolos y / o ideales de la gobernabilidad democrática, sino más bien enfocados a temas más concretos tales como: la negación a las personas del derecho al voto o restricciones para expresar sus opiniones; las restricciones a los periodistas y los medios de comunicación de no ser críticos de los gobiernos y sus políticas; la falta de libertad para que líderes de la oposición puedan hablar libremente; la presunta corrupción y los altos niveles de impunidad; la creciente influencia de corporaciones y dinero privado en la política; y el poder político conferido que este siendo monopolizado por regímenes populistas, semi-autoritarios y / o regímenes cuasi imperiales similares que apuntan a auto-perpetuarse.  Más importante aún, el descontento se sustenta en base a una cuestión crítica sobre el papel de la gobernabilidad democrática en la inclusión y la igualdad y / o desigualdad.

En retrospectiva derrumbar a los regímenes autoritarios y / o totalitarios parece más fácil que la construcción de la gobernabilidad democrática y regímenes viables y más plurales.  Sin embargo, los dilemas y desafíos de la gobernabilidad democrática van más allá de los países que transitaron durante las últimas tres décadas.  Los sistemas democráticos más antiguos están también mostrando señales visibles de agotamiento de la capacidad para gobernar democráticamente.  Así los Estados Unidos y los países de la Unión Europea están también experimentando nuevos desafíos y dilemas.

Los dilemas de la gobernabilidad democrática, sea en las etapas de transición, consolidación o post consolidación son varios.  Por ejemplo, capacidad estatal, representación e intermediación, rendición de cuentas vertical y horizontal, y la incorporación  de sectores marginalizados para nombras solo algunos. Las instituciones democráticas tienen que demostrar su viabilidad, incluyendo en compartir su responsabilidad en la gobernabilidad, en generar una oposición constructiva, y en garantizar derechos ciudadanos.  La congruencia de condiciones tiene que crecer, articular y adaptarse a circunstancias cambiantes.  Al mismo tiempo que las sociedades se hacen más democráticas, la calidad de la interacción entre el gobierno y grupos e individuos se convierte en el tema central de la sostenibilidad.  Sin embargo, no tiene que ver con quien monopoliza la interacción, sino más bien con como los dos lados manejan paralelamente esta interacción para influir el curso de las políticas públicas.  Como el informe de gobernabilidad de las democracias a la Comisión Trilateral resalto mucho antes de la ola de nuevos regímenes democráticos de finales de los 1980 y la década de los 1990, la gobernabilidad democrática no solo implica encontrar consenso o cumplir con las reglas de juego, sino quizás más importante es también visualizar un propósito colectivo más amplio.  Es por ello, que usando como base la experiencia de Europa Occidental, los EE.UU. y Japón, el Informe argumenta en favor de la gobernabilidad democrática como un medio, y no como un fin en sí misma.  Claramente bajo cualquier régimen autoritario y totalitario, los propósitos (con frecuencia grandiosos e irrelevantes para la mayoría de la gente) pueden ser empacados desde arriba, y si es necesario son impuestos.  Aún más, bajo regímenes no democráticos, los propósitos reflejan más el capricho del líder y sus compinches que los de la gente.   En contraste, en la gobernabilidad democrática, los propósitos tienen que crecer del dialogo, de la acción colectiva y del consenso.

No hay una receta para fortalecer la gobernabilidad democrática, y el Informe del PNUD de 1993 y otros resaltaron claramente esto.  Es natural para los regímenes democráticos ser amenazados por un sin número de factores contextuales que varían significativamente de país a país y que reflejan diferencias en tamaño, historia, ubicación, cultura y desempeño económico entre otros.  Por ejemplo, nadie predijo a principios de los 1990, cuán rápido iban a a cambiar las sociedades y las demandas que exigirían (o no) a sus gobiernos elegidos democráticamente. De igual forma como Manuel Castells argumenta, la alternativa virtual y el espacio de redes que ha dominado la mayoría de las sociedades en la última década, han ofrecido una plataforma para la acción colectiva y para generar propósitos desde afuera de la arquitectura institucional tradicional.

La gobernabilidad democrática como sistema, sin instituciones viables que reflejan las aspiraciones de la gente, se puede atrofiar.  Como lo resaltó el informe de gobernabilidad de las democracias a la Comisión Trilateral, una lección clave del pasado es que cuando la política democrática se convierte más en una arena para afirmar intereses conflictivos y estrechos que en un proceso para construir propósitos comunes, resulta en una deslegitimación de la autoridad y una pérdida de confianza en el liderazgo.  Precisamente por ello es que para la gobernabilidad democrática, ya sea a nivel mundial, nacional o sub-nacional, la perspectiva de volver a conectar con los ciudadanos y las personas es un desafío clave. Cualquier estrategia para reconstruir los puentes entre gobiernos y gobernados no puede ignorar el contexto multifacético y dinámico para la gobernabilidad a todos los niveles, y los desafíos que plantea la gobernabilidad multi-nivel para las políticas públicas.

En última instancia, pienso que el objetivo crucial de la gobernabilidad democrática debería seguir siendo servir como un medio para promover sociedades con capacidad para guiar y organizar sus instituciones democráticas, de una manera que la gente puede tener más y mejores oportunidades para vivir de acuerdo con sus aspiraciones y valores, y participar en las decisiones que les afectan. Cómo hacer esto es en sí mismo otro tema. Este dilema ayuda a plantear que las implicaciones de repensar la gobernabilidad democrática a década y media del Siglo 21 son, entonces profundas. Desafían los conceptos tradicionales, los modelos antiguos, y los debates ideológicos no solo sobre el papel del Estado y el mercado, sino también sobre el papel de los ciudadanos. En cuenta de mirar hacia atrás a formas de gobierno autoritarias y totalitarias y creer que políticos populistas tienen la barita mágica para resolver desafíos complejos, es más bien el momento para buscar activamente respuestas a preguntas difíciles y ayudar a comprender la gobernabilidad democrática y sus complejidades y empujarla hacia adelante.

La gente ha cambiado, está cambiando y seguirá cambiando.  De igual forma es y será la acción colectiva.  La era digital seguirá creado una alternativa válida para la participación e involucrarse en temas de políticas públicas.  Las instituciones están evolucionado, pero a un paso lento que no es suficiente para adaptarse a las nuevas realidades.  En este contexto los sistemas están siendo presionados para responder y ofrecer certidumbre.  Estos son hoy los principales conductores de la gobernabilidad democrática. Trataré de arrojar alguna luz parcial sobre algunos de estos temas en futuros artículos. Me centraré tanto en los desafíos clave como también en lecciones y soluciones.  Traeré el aprendizaje de mi trabajo aplicado y de investigación en gobernabilidad democrática en más de 40 países, como también de mi colaboración con varias organizaciones, actores y estudiantes en las dos últimas décadas.  Sera una modesta contribución a la cuestión compleja y multidimensional de la gobernabilidad democrática en el siglo 21.

Written by Gerardo Berthin

This is a conversational blog written and maintained by Gerardo Berthin, a political scientist, who specializes in applied governance policy issues. This personal reflection is not intended to reflect the positions of organizations he is and/or has been affiliated with. All pictures unless otherwise noted are attributed to the author.

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