Democratic Governance’s Moment of Transformation or Rupture?

Crisis can be thought of as a moment of transformation or rupture. This conception of crisis as not merely a condition of uncertainty, risk, threat and rupture but also as a moment of decisive intervention has become blurred amidst the instantaneity of events that are filtered through social media and television news.  In other words, when it comes to current trends in democratic governance a clear distinction between transformation and rupture cannot be drawn. Furthermore, the role of politics as mediator of processes is tainted by highly polarized environments and public policy politicization.  Politics need leadership, governance needs institutions and collective change is more legitimate under a democratic system. Consequently, it makes little sense to speak of a crisis or rupture of democracy, without first recognizing the problem and identifying an agency capable of making decisive interventions towards a solution.  Any transformation can be thought as a process of destruction and construction, an inherently dialectical moment of transformation.  As Norberto Bobbio suggested, the dynamic of transformation, particularly the one involving political power, can essentially be thought as the emergence of new communities in old political orders. So, what we are currently experiencing in democratic governance is it transformation or rupture?

El Momento de la Gobernabilidad Democrática: ¿Transformación o Ruptura?

Se puede pensar en la crisis como un momento de transformación o ruptura. Esta concepción de la crisis no solo como una condición de incertidumbre, riesgo, amenaza y ruptura sino también como un momento de intervención decisiva se ha desdibujado en medio de la instantaneidad de los hechos que se filtran a través de las redes sociales y las noticias en televisión . En otras palabras, cuando se trata de las tendencias actuales de la gobernabilidad democrática no se puede establecer una distinción clara entre transformación y ruptura. Además, el papel de la política como mediador de procesos está manchado por un entorno altamente polarizado y la politización de las políticas públicas. La política necesita liderazgo, la gobernabilidad necesita instituciones y el cambio colectivo es más legítimo en un sistema democrático.  En consecuencia, tiene poco sentido hablar de crisis o ruptura de la democracia, sin reconocer primero el problema e identificar una agencia capaz de realizar intervenciones decisivas hacia una resolución. Cualquier transformación puede pensarse como un proceso de destrucción y construcción, un momento de transformación inherentemente dialéctico. Como sugirió Norberto Bobbio, la dinámica de transformación, particularmente la que involucra al poder político, se puede pensar esencialmente como el surgimiento de nuevas comunidades en viejos órdenes políticos. Entonces, lo que estamos experimentando hoy en la gobernabilidad democrática es ¿transformación o ruptura?

Governance after COVID-19?

What would global, national and local governance look like once Covid-19 is under control?  A key emerging lesson from the current phase of the pandemic crisis is that the national state is still a relevant actor for these circumstances as the main epicenter of mediating the response against Covid-19.  While governance remains diffused, some form of a “coherent” state has led the response, with some interesting cleavages related to subnational governments.  A different issue altogether is the capacity of each national state to respond to a multi-dimensional crisis that does not discriminate borders or institutional structures, and whether this capacity will hold for the next phase.  A sort of paradox has emerged that raises questions about how governance systems will use authority/political power, capacity, and public policy to manage and mitigate the Covid-19 crisis.  What about multi-level governance?  A new pattern of governance models are beginning to emerge across countries based on the Covid-19 response.  These models seem still amorphous, combine some features of the classic governance models with the national state at the center, but at the same time have new emerging features, such as political power being used differently in different levels of government, new patterns of cooperation and competition within national boundaries, new capabilities that are much less state-centered, and civil society and citizens with different patterns of trust towards government. So, has the pandemic finally confirmed the crisis of current governance systems and is signaling the need for a “renewed” 21st-century governance we all have been waiting for?

¿La Gobernabilidad después de Covid-19?

¿Cómo será la gobernabilidad global, nacional y local después de que el Covid-19 este bajo control?  Una lección clave que emerge de la actual fase de la crisis pandémica es que el estado nacional sigue siendo un actor relevante para estas circunstancias y es el principal epicentro para mediar la respuesta en contra del Covid-19.  Si bien la gobernabilidad permanece dispersa, alguna forma de estado “coherente” ha tomado el liderazgo de la respuesta, con algunos clivajes interesantes en relación con los gobiernos subnacionales.  Otro tema en sí mismo, es la capacidad de cada uno de los estados nacionales para responder a una crisis multi-dimensional, que no discrimina fronteras o estructuras institucionales, y si esta capacidad se podrá sostener. Una especie de paradoja ha surgido, que genera preguntas acerca de cómo los sistemas de gobernabilidad usarán la autoridad/poder político, su capacidad, y política pública para gestionar y mitigar la crisis del Covid-19.  Y, ¿qué de la gobernabilidad multi-nivel?  Un nuevo patrón de modelos de gobernabilidad está empezando a surgir en base a la respuesta al Covid-19.  Estos modelos están aún amorfos, combinan características de los modelos de gobernabilidad clásico con el estado nacional al centro, pero al mismo tiempo muestran nuevas características, tales como uso diferenciado del poder político en diferentes niveles de gobierno, nuevos patrones de cooperación y competencia al interior de los países, nuevas capacidades que son menos dependientes del estado, y sociedad civil y ciudadanía con distintos patrones de confianza en sus gobiernos.  Entonces, ¿la pandemia finalmente ha confirmado la crisis de los sistemas de gobernabilidad actuales y está señalando la necesidad de una “renovada” gobernabilidad para el siglo XXI que todos hemos estado esperando?

Is 2020 a Déjà vu of 1920 for Latin America?

A century ago, Latin America as a region was evolving in economic, social and political terms. In 1920, the Mexican Revolution (1910) and its 1917 constitution, and the effects of World War I (1914-18) were still important reference points for economic and political developments for the region.  The export oriented Latin American economies produced a relative period of prosperity in a number of countries, such as Argentina (beef and wheat), Mexico (henequen, sugar, mining), and Chile (copper, fruits). This in turn, produced a relative grow in the middle class, the emergence of local working classes, immigration from Europe, and an expansion of democracy from the upper class to a small emerging middle class.  And yet, in spite of that evolution, the region as a whole and in each specific case showed in the 1920s levels of fragility, underdevelopment and inequality.   Governments were run top-down by strong men supported by small group of wealthy families who controlled the pace and depth of policies.  Concentrated economic and political power resulted in the exclusion of women, indigenous groups and rural residents.  In the 1920s, in great part due the export economic model Latin America was connected to the global economy and thus was vulnerable to the ups and downs of demand.  A century later in 2020, the region has also made impressive progress in many economic, political and social dimensions, but remains vulnerable and prone to risks and crisis. Why?

¿Es 2020 un Déjà vu de 1920 para América Latina?

Hace un siglo, América Latina como región estaba evolucionando en términos económicos, sociales y políticos. En 1920, la Revolución mexicana (1910) y su constitución de 1917 y los efectos de la Primera Guerra Mundial (1914-18) seguían siendo puntos de referencia importantes para el desarrollo económico y político de la región. Las economías latinoamericanas orientadas a la exportación produjeron un período relativo de prosperidad en varios países, como Argentina (carne y trigo), México (henequén, azúcar, minería) y Chile (cobre, frutas). Esto, a su vez, produjo un crecimiento relativo en la clase media, el surgimiento de clases trabajadoras locales, la inmigración desde Europa y una expansión de la democracia de la clase alta a una pequeña clase media emergente. Y, sin embargo, a pesar de esa evolución, la región en su conjunto y en cada caso específico mostraba en los 1920 niveles altos de fragilidad, subdesarrollo y desigualdad. Los gobiernos eran dirigidos de arriba hacia abajo por hombres fuertes apoyados por un pequeño grupo de familias ricas que controlaban el ritmo y la profundidad de las políticas públicas. El poder económico y político concentrado tenía como un resultado la exclusión de mujeres, grupos indígenas y residentes rurales. En la década de 1920, en gran parte debido al modelo económico de exportación, América Latina estaba conectada a la economía global y, por lo tanto, era vulnerable a los altibajos de la demanda. Un siglo después, en 2020, la región también ha logrado un progreso impresionante en muchas dimensiones económicas, políticas y sociales, pero sigue siendo vulnerable y propensa a riesgos y crisis. ¿Por qué?