Estos fueron los temas de fondo en recientes titulares en todo el mundo: ataque coordinado terrorista en Bélgica; el proceso para nominar al candidato presidencial de uno de los dos partidos principales en los Estados Unidos está dominado por retorica xenofóbica y racista; escándalos de corrupción amenazan la estabilidad política y económica en el Brasil; miles escapan Siria y crean una crisis de refugiados en Europa; el crimen organizado continua penetrando muchos países; la dominación de pandillas y violencia en varios centros urbanos en el mundo se convierte en un desafío para gobiernos locales y nacionales; y a pesar de crecimiento económico y la expansión del desarrollo humano, la desigualdad persiste.  Si bien cada uno de estos titulares tiene su propia narrativa, hay un hilo conductor en todos estos: todos son productos de alguna forma de quiebre o falla en la gobernabilidad.  Distintas formas de gobierno, democrático y no democrático, ya sea de larga data o nuevas, están enfrentando desafíos enormes.  Esa es una observación fácil de hacerla.  Es más difícil identificar qué tipo de configuración política puede enfrentar estos desafíos que afectan hoy a una gran mayoría de los países y sociedades en el mundo.

La proliferación de instituciones democráticas en el último siglo es un fenómeno que no se puede negar.  Solo un grupo pequeño de países todavía se aferran a formas más autoritarias de gobiernos, aunque en casi todo el mundo el apoyo hacia  derechos y libertades democráticas permanece relativamente alto.  Sin embargo, esta casi universal aspiración por más valores democráticos no ha sido acompañada por la consolidación de instituciones democráticas, por una profundización de una cultura democrática, o por una re calibración de elementos relacionados a la autoridad, ideología, sistemas políticos y aspiraciones personales.  Aún más, si bien existe un consenso general que la gente prefiere vivir en sociedades con derechos humanos y políticos básicos,  esa aspiración también está muy vinculada al tema de bienestar.  Cuando regímenes democráticos no pueden satisfacer expectativas para la mayoría de la gente, es más probable que suscite descontento, desilusión y desconfianza.  Inmediatamente la gente empieza a pensar en regímenes autoritarios, populistas y otros no-democráticos, y que estos tienen la solución rápida o la receta mágica.  Pero existe una fuerte evidencia empírica que muestra que regímenes no democráticos  no necesariamente muestran mejores posibilidades de desempeño que regímenes democráticos en el largo plazo, tanto en términos de desempeño económico y político.

Como ningún otro momento en la historia, la humanidad está disfrutando vivir en el periodo más democrático de la historia, con más derechos, recursos y oportunidades.  Sin bien muchas sociedades todavía enfrentan desafíos de conflicto armado y regímenes tiránicos, sin duda ha habido un progreso sustantivo hacia gobiernos democráticos.  Esto puede verse tanto en el nivel nacional y sub-nacional, donde la gente tiene la oportunidad de votar en elecciones nacionales y locales.  Hay también mejoras (al igual que retrasos recurrentes) en la protección de derechos humanos, y en grupos que históricamente han confrontado exclusión y depravación ahora son más visibilizados y participan activamente en acciones políticas y sociales.

A pesar de ese progreso, en el siglo XXI, el proceso de gobernar ha sido hasta el momento la empresa más difícil.  En el centro de este debate está la capacidad de los gobiernos democráticos para navegar por las aguas turbulentas de gobernar en medio de altos niveles de riesgo, la incertidumbre, la diversidad y la complejidad nunca antes vista en la historia de la gobernabilidad.

Las realidades de un contexto más complejo y heterogéneo están formando expectativas y demandas, en particular en relación al papel del gobierno en la promoción de la rendición de cuentas y la igualdad.  Desde la perspectiva de la ciudadanía, estas son las dos principales áreas donde la gobernabilidad democrática parece haberse quedado corta, y debido a ello el descontento crece y se mantiene.

Como cualquier teoría política, la gobernabilidad democrática parte de premisas particulares.  Por ejemplo, la presencia de instituciones del Estado efectivas, la habilidad política y de hacer políticas públicas para satisfacer las demandas de varios grupos sociales, la distribución y uso transparente de recursos, y la activa participación de la sociedad civil en los procesos decisorios.  Estos pueden ser considerados recursos esenciales, y si son debilitados, desperdiciados y/o mal distribuidos y desperdiciados, pueden tener un efecto corrosivo en el sistema de gobernabilidad democrática y puede traer consigo dudas y desconfianza.

Si bien estos ingredientes esenciales de la gobernabilidad democrática sin duda forman las expectativas de los gobernados, en la práctica no son fáciles de operacionalizar.  Adicionalmente, al mismo tiempo que el papel del gobierno y del Estado continúa expandiéndose en todo el mundo, las poblaciones han crecido y se han hecho más diversas, al igual que sus respectivas expectativas.   El Estado continúa siendo soberano sobre un territorio reconocido, aunque hoy se adhiere a principios y aspiraciones de democracia, igualdad y sostenibilidad.  Como tal, y en contraste con el pasado, la legitimidad del Estado y sus gobiernos hoy depende no solo de la autoridad soberana del Estado para garantizar identidad, seguridad, y estado de derecho, sino también de las capacidades de las instituciones del Estado de relacionarse con una variedad de redes ciudadanas y comunidades.  Con estos precedentes, podemos establecer las siguientes postulaciones que son relevantes al complejo y multi-dimensional contexto actual para la gobernabilidad:

  • Gobernar bien es difícil;
  • Gobernar bien y además hacerlo democráticamente es más difícil;
  • Gobernar bien, democráticamente, en contextos con desigualdades, y altas expectativas y/o aspiraciones de bienestar, es muchísimo más difícil;
  • Gobernar bien, democráticamente, en contextos con desigualdades, con altas expectativas y/o aspiraciones de bienestar, con instituciones débiles o sin las instituciones apropiadas es muchísimo más difícil aun;
  • Gobernar bien, democráticamente, en contextos con desigualdades, con altas expectativas y/o aspiraciones de bienestar, con instituciones débiles o sin las instituciones apropiadas y sin procesos decisorios apropiados es complejo y mucho más difícil; y
  • Gobernar bien, democráticamente, en contextos con desigualdades, con altas expectativas y/o aspiraciones de bienestar, con instituciones débiles o sin las instituciones apropiadas, sin procesos decisorios apropiados, y si la participación de la ciudadanía es insostenible.

Desde una perspectiva estrictamente de desarrollo humano, el Estado y los gobiernos son  medios importantes a través del cual el cambio en sociedades y comunidades ocurre, para expandir el bienestar de la gente de una a otra generación — expandiendo sus alternativas en salud, educación e ingresos y expandiendo sus libertades y oportunidades para una participación significativa en la sociedad.   Ahora seamos claros, por un lado no todos los gobiernos democráticos son iguales, en la medida en que cada uno tiene distintas capacidades, herramientas, configuraciones institucionales y políticas, y también en términos de cómo conceptualizan los aspectos democráticos de la gobernabilidad.  Hay una amplia variedad de regímenes que son generalmente reconocidos como democráticos.  Diamond, O’Donnell, Zakaria, Rodrik & Mukand y otros han descrito algunos gobiernos democráticos como democracias iliberales, democracias delegativas y como regímenes en zonas hibridas entre autocracias y democracias.   Por otro lado, comunidades y electorados tienen expectativas divergentes acerca del papel del Estado y los gobiernos en sus vidas.  Para algunos el Estado y sus gobiernos debería ser responsable de “todo,” desde seguridad hasta servicios públicos básicos.  Para otros la mejor opción es la menor presencia del Estado y sus gobiernos en la vida cotidiana de la gente.  Pero estas dos posiciones son dos extremos de un continuum más amplio.

Como puede verse en la Grafica 1 más abajo, la dinámica de la gobernabilidad democrática se asienta alrededor de dilemas en un sin número de áreas.  Por ejemplo, la dicotomía entre tener un Estado totalitario y no tener ningún Estado; entre ideologías pluralistas y autoritarias; entre sistemas políticos que son poliarquías (siguiendo al libro clásico de Dahl) u oligarquías (gobierno de los pocos); y por aspiraciones personales de ser útil y querer participar en acción colectiva o ser rico y preocuparse solo por uno mismo.   En los últimos dos siglos pasados los países y sociedades constantemente se han movido a lo largo de estos contínuum, siempre tratando de encontrar un equilibrio ideal para la gobernabilidad democrática.  Idealmente, la gobernabilidad democrática debería moverse lo más cerca al centro dentro de un estrecho espacio articulado.  Tocqueville identifico estos dilemas en sus escritos, y mostraba preocupación de otros dos extremos en el continuum de la gobernabilidad democrática: la anarquía y la tiranía.  El desafío es no solo como evitar estos extremos ilustrados en la Grafica 1 abajo, pero también que hacer para evitar que la gobernabilidad democrática se ahogue en la estratosfera de cualquiera de estas dos catástrofes para la gobernabilidad.

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La Grafica 1 arriba, también ayuda a ilustrar que para darle sostenibilidad a la gobernabilidad democrática se necesita un sin número de condiciones y factores.  Mi profesor Adam Przeworski y sus colegas investigaron en los 1990s más de 130 países y produjeron una serie de hallazgos empíricos que ofrecen una mirada a las condiciones para hacer de la gobernabilidad democrática sostenible. En síntesis, tiene que ver con expandir el bienestar y el desarrollo humano, crecimiento económico sostenido, expandir y nutrir la cultura de valores y principios democráticos, arreglos institucionales efectivos (controles y contrapesos, descentralización), y el tipo de sistema político (presidencial o parlamentario).

Una pregunta relacionada clave es, quien se supone que asuma el liderazgo para promover la gobernabilidad democrática.  Es altamente improbable que el Estado y sus gobiernos tomen iniciativa propia. Es más probable que para evitar una anarquía y/o tiranía, tanto los gobiernos y Estados, como los gobernados y comunidades tienen que colaborar y trabajar en conjunto.  Tocqueville planteaba que cuanto más el gobierno remplace a la comunidad, hay menos probabilidad para que las comunidades puedan actuar colectivamente para entender y resolver sus problemas y encontrar soluciones.  De igual forma, cuanto menos activas y participativas están las comunidades en los asuntos de gobierno, lo más probable es que las políticas no reflejaran sus demandas y/o aspiraciones.  Es un círculo vicioso de causa y efecto.

En el actual clima anti-política, con frecuencia se idealiza a la gobernabilidad democrática sin la política, o por lo menos sin el tipo de política que prevalece hoy en sociedades democráticas. La  política no es muy bien vista.  Pero la buena política es y ha sido un elemento esencial de la gobernabilidad democrática, ya que implica no solo a los políticos, sino también a otros actores y factores interactuando en deliberación y buscando consenso.  Lo que falta por responder es que tipo de política se necesita para la gobernabilidad democrática de hoy.  Es importante plantear que el marco de la gobernabilidad democrática es uno que está asentado en el reconocimiento que nuestros mundos socio-políticos actuales son enormemente complejos y que evolucionan y constantemente toman forma.   Ningún diseño de gobernabilidad democrática permanecerá sin cambiar a través del tiempo, y no hay un modelo linear simple que pueda explicar su compleja y multi-dimensional naturaleza.  La gobernabilidad democrática es un sistema, y ahora más que nunca es un sistema abierto que se alimenta de la interacción local, nacional, y global.  De igual forma que pensamos sobre el medio ambiente, la gobernabilidad democrática será sostenible en la medida en que sus recursos no sean depredados o mal utilizados.

La construcción de las instituciones democráticas para un desarrollo social y económico más equitativo continuará trayendo tensiones. El conflicto y el riesgo de conflicto se mantendrán.  Para aquellos de nosotros que estamos interesados en la dinámica de la gobernabilidad democrática en este momento histórico de la humanidad, el estado actual de la gobernabilidad democrática ofrece una oportunidad para pensar, analizar y proponer ideas y soluciones audaces.  La gobernabilidad democrática ya no se centra sólo en la idea de la política y de las políticas públicas en la dimensión nacional. Elementos globales, nacionales y locales son ahora también facilitadores de la gobernabilidad democrática, y la clave para la articulación de la gobernabilidad multinivel para promover las alianzas para la entrega de servicios y bienes públicos y para enfocarse en políticas públicas inclusivas. De igual forma, la gobernabilidad democrática ya no es solo un atributo del gobierno, involucra también a los gobernados y su capacidad de participar activamente en los procesos de toma de decisión que afectan sus vidas. Es un enorme el desafío, pero iniciativas y soluciones tienen que salir del actual sistema de gobernabilidad democrática y movilizar los recursos necesarios.  Regresar a soluciones no-democráticas o autoritarias simplemente no es una alternativa para la humanidad.

 

 

Written by Gerardo Berthin

This is a conversational blog written and maintained by Gerardo Berthin, a political scientist, who specializes in applied governance policy issues. This personal reflection is not intended to reflect the positions of organizations he is and/or has been affiliated with. All pictures unless otherwise noted are attributed to the author.

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